Jennifer Lawrence contó que fue descartada para un rol en una cinta dirigida por Quentin Tarantino y apuntó a los prejuicios estéticos de la industria.
Jennifer Lawrence sorprendió al recordar una experiencia frustrante de su carrera vinculada a Quentin Tarantino. En una entrevista reciente, la actriz aseguró que estuvo cerca de participar en Once Upon a Time… in Hollywood, pero que finalmente quedó afuera por una razón que nada tuvo que ver con su talento.
Según relató, durante el proceso de selección se instaló la idea de que no encajaba físicamente con el personaje, una percepción que terminó siendo determinante. Lawrence explicó que el comentario que más se repetía era que “no era lo suficientemente bonita” para el rol de Sharon Tate, una frase que con el tiempo quedó grabada en su memoria como el motivo principal de su exclusión.
La actriz también reconoció que, con los años, se preguntó si esa versión fue exactamente así o si la fue construyendo a partir de lo que leyó y escuchó públicamente. Aun así, sostuvo que esa fue la sensación que le quedó de aquel momento: que su apariencia fue puesta por encima de su trayectoria y capacidad actoral.

Las palabras que soltó la actriz
“Tarantino sí me quería para el papel y luego todo el mundo decía: ‘No es lo suficientemente bonita para interpretar a Sharon Tate. Estoy bastante segura de que es cierto, o quizá que he contado la historia de esta manera durante tanto tiempo que ahora la creo, pero estoy bastante segura de que pasó. O simplemente nunca me estuvieron considerando para el papel y el internet se desvivió por llamarme fea“.
Con ironía y autocrítica, Lawrence señaló que quizá nunca fue realmente considerada para ese papel, pero que el debate alrededor de su físico terminó imponiéndose de todos modos. Para ella, el episodio refleja una lógica persistente en Hollywood, donde ciertos personajes parecen exigir un estándar de belleza muy específico.
Más allá de ese desencuentro, la actriz recordó que sí estuvo vinculada en otros momentos a proyectos de Tarantino y que incluso rechazó una propuesta anterior por problemas de agenda, una decisión que hoy admite lamentar. Sin embargo, esta anécdota volvió a poner sobre la mesa una discusión recurrente: hasta qué punto la industria sigue midiendo a las actrices por su imagen antes que por su trabajo.













































